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Si no empujamos el carro todos, este no se mueve

  • Writer: Perú USA Southern CA
    Perú USA Southern CA
  • Jul 9
  • 2 min read

Por Edwin Gines | Una mirada de un peruano desde el exterior


Desde la distancia, las perspectivas se agudizan. La mirada se vuelve más lúcida cuando el ruido cotidiano de la patria se filtra a través de miles de kilómetros. Sin embargo, lo que llega a nuestros ojos es, con demasiada frecuencia, una escena recurrente y desoladora: cada vez que las urnas se sellan en Perú, el fantasma del "fraude" se alza como una sombra inevitable.


Este grito, que nace en la primera vuelta y cobra una intensidad virulenta en la segunda, es casi siempre el lamento de quien no supo aceptar el veredicto del pueblo. Es un reflejo predecible, pero profundamente dañino para nuestra salud democrática.


La herencia de la desconfianza


Más allá del estrépito electoral, surge una pregunta que nos interpela a todos: ¿de dónde emana esta desconfianza tan profunda? No es un fenómeno pasajero ni un simple desacuerdo sobre cifras. La sospecha es estructural, alimentada por décadas de fracturas institucionales. Desde el derrocamiento de Fernando Belaunde, pasando por el autoritarismo de Fujimori, hasta la inestabilidad vertiginosa de los últimos años, el Perú ha normalizado la crisis como método de gobierno. Cada ruptura ha erosionado, piedra a piedra, la fe del ciudadano en su propia casa.


Una democracia madura no solo se mide por la capacidad de ganar, sino por la elegancia y el sentido de responsabilidad con la que se acepta la derrota.


Más allá de las pasiones


Hoy, el Perú necesita dejar de pensar con el "hígado" y empezar a hacerlo con la cabeza. Necesitamos una oposición que no busque la demolición del otro, sino la construcción del país mediante una fiscalización seria y propuestas viables. Los desafíos que tenemos por delante no conocen colores políticos, son verdaderas urgencias nacionales:

  • Salud pública: Un sistema que garantice dignidad y vida.

  • Educación: La forja de ciudadanos capaces de liderar este siglo.

  • Seguridad: El derecho básico a vivir sin miedo.

  • Formalización: Un camino hacia el desarrollo real.

  • Minería ilegal: Un combate frontal por nuestra soberanía y medio ambiente.


Un llamado a la unidad


Desde el exterior, los peruanos observamos con una mezcla de esperanza inquebrantable y angustia profunda. Tenemos familia que lucha cada día por salir adelante, conocemos el potencial colosal de nuestra tierra y nos duele ver cómo se desperdicia, una y otra vez, en disputas estériles. Nuestra costa, sierra y selva no pueden seguir siendo compartimentos estancos. Si anhelamos un Perú distinto, el respeto a la voluntad popular y el compromiso ético de todos los actores son el cimiento indispensable. Al final, el mensaje es simple y rotundo: el carro del progreso no se mueve por inercia. Si no empujamos todos juntos, la historia se seguirá repitiendo en el mismo punto muerto.



 
 
 

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