El Perú que vive afuera
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Por Miriam Gutiérrez Mundaca
Activista ciudadana, residente en Barcelona, España y candidata al Consejo de Consulta de las Comunidades Peruanas en el Exterior.
Participar desde el exterior no debería ser una carrera de obstáculos
Cuando emigramos, no solo cambiamos de país. Cruzamos la frontera con una mochila visible y otra que nadie ve. En ella llevamos nuestros estudios, la experiencia profesional, los vínculos familiares, las costumbres y nuestra manera de entender el mundo. Sin embargo, al llegar descubrimos que una parte de nuestra trayectoria parece haberse quedado detenida en la frontera.
Nací en Lima y crecí en San Juan de Lurigancho, un distrito trabajador donde aprendí que las oportunidades no siempre llegan solas: muchas veces debemos construirlas mediante el esfuerzo, la constancia y la educación. Esa convicción me acompañó cuando me trasladé a Barcelona y tuve que comenzar una nueva vida.
Como les sucede a muchas personas migrantes, encontré dificultades para homologar y convalidar mis estudios. Me vi obligada a aceptar trabajos por debajo de mi preparación y a demostrar nuevamente lo que sabía hacer. No bastaba con haber estudiado ni con acumular experiencia. Tuve que construirme como persona, como ciudadana y como profesional en una sociedad que todavía no conocía mi recorrido.
Aquella experiencia no consiguió que abandonara mi formación. Al contrario, convirtió el conocimiento en una forma de resistencia. Cuando fui madre, la educación adquirió un significado más profundo: comprendí que era el mejor legado que podía dejarle a mi hijo, no como una colección de títulos, sino como una herramienta para pensar, elegir y abrirse camino con libertad.
Mi experiencia no es excepcional. Miles de peruanos reconstruyen su vida fuera del país sin romper los vínculos con su lugar de origen. Participamos en las elecciones generales, enviamos remesas, sostenemos a nuestras familias y movilizamos ayuda cuando el Perú la necesita. También difundimos nuestra cultura, impulsamos emprendimientos y damos visibilidad al país desde nuestras profesiones y comunidades. Sin tener un nombramiento oficial, actuamos cada día como embajadores del Perú.
Pero esta contribución no siempre encuentra una vía equivalente de representación. Seguimos formando parte de la vida política, económica y social del país, aunque todavía afrontamos dificultades para organizarnos, acceder a información clara y trasladar nuestras necesidades a las instituciones. Participar desde el exterior continúa siendo, demasiadas veces, una carrera de obstáculos.
Participar, también significa pertenecer
Ante esta realidad, participar se convirtió para mí en una manera de seguir perteneciendo al Perú. El activismo ciudadano no comienza con un cargo ni necesita una organización que lo legitime. Nace cuando una persona decide escuchar, acompañar y dedicar parte de su tiempo a mejorar la vida de su comunidad.
Respetamos y valoramos la labor que realizan las asociaciones. Han preservado vínculos, costumbres y espacios de encuentro fundamentales. Pero una comunidad también está formada por ciudadanos independientes, familias, estudiantes, trabajadores y emprendedores que desean contribuir sin pertenecer a una estructura.
“Representar a una comunidad no debería depender de un carné, sino del compromiso con las personas.”
Existe una comunidad silenciosa, extendida por distintas ciudades del mundo, que participa sin ocupar escenarios. Son personas que orientan a quien acaba de llegar, comparten una oportunidad laboral, ayudan a resolver un trámite, organizan una actividad cultural o acompañan a una familia en dificultades. Su trabajo pocas veces lleva una firma, pero sostiene a la comunidad.
Dar valor a este activismo significa reconocer una participación sin marcas, títulos ni partidos. Una participación que no busca hablar en nombre de todos, sino abrir espacios para que más voces puedan ser escuchadas.
La representación debe incluir tanto a quienes forman parte de asociaciones como a quienes contribuyen de manera independiente. Ninguna organización puede contener por sí sola la diversidad de una comunidad extendida por diferentes países en el mundo..
El Perú que vive afuera no es una sola agrupación o asociación, ni una única voz. Es una ciudadanía plural que conserva sus vínculos, participa y ayuda desde la distancia. Reconocerla es el primer paso para construir una representación verdaderamente abierta.
Del derecho reconocido a una comunidad conectada
La Ley N.º 29495 representa una oportunidad para fortalecer a las comunidades peruanas en sus países de acogida. Reconoce a los Consejos de Consulta como una “expresión de la sociedad civil peruana residente en el exterior” y les atribuye la finalidad de crear un espacio de diálogo y cooperación entre la ciudadanía y las oficinas consulares.
Esta ley representa una oportunidad para fortalecer nuestra comunidad en el país de acogida. Nos permite organizarnos, canalizar necesidades y elegir a quienes llevarán nuestra voz al diálogo con el consulado. Sin embargo, ese reconocimiento encuentra una barrera que impide hacerlo realidad: la valla del 3 %.
La dimensión del obstáculo
En Cataluña, el padrón utilizado en 2023 estaba compuesto por 63.937 ciudadanos. Para validar la elección se necesitaba la participación de al menos 1.919 personas.
En 2021, uno de los congresistas elegidos por la circunscripción de Peruanos Residentes en el Extranjero obtuvo 1.773 votos preferenciales. Son procesos diferentes, pero la comparación permite comprender la magnitud del requisito.
63.937 ciudadanos inscritos en el padrón de 2023
1.919 participantes necesarios para alcanzar el 3 % para formar el Consejo de Consulta
1.773 votos preferenciales de un congresista PEX en 2021
Los peruanos en el exterior no deberíamos ser visibles únicamente cuando el país necesita nuestros votos, remesas o ayuda. Para constituir el Consejo se exige movilizar al 3 % del padrón. Si se solicita una elección descentralizada, los costes recaen sobre los ciudadanos que la promueven. Además, la mesa electoral se elige y constituye con las primeras personas que llegan el mismo día, trasladando a candidatos y voluntarios una responsabilidad que debería garantizar la organización consular.
En Barcelona, la votación se desarrolla de 8:30 a 16:00 horas. Con una sola mesa y calculando un minuto por persona, solo podrían votar 450 ciudadanos. Alcanzar las participaciones exigidas requeriría procesar un voto cada trece segundos. Así, urge eliminar la valla, elegir la mesa con quince días de anticipación y avanzar hacia un voto digital seguro. Si se exige participación, deben garantizarse los medios para hacerla posible. De lo contrario, el Consejo seguirá siendo un derecho reconocido sobre el papel y una oportunidad inalcanzable en la práctica.
Mi propuesta: Una red para convertir la distancia en comunidad
Nuestro mayor desafío no es vivir lejos del Perú, sino vivir desconectados unos de otros. Tenemos profesionales, trabajadores, estudiantes, artistas y emprendedores repartidos por el mundo, pero muchas veces seguimos funcionando como pequeñas islas.
De esa reflexión nace la Red Digital Peruana en el Exterior: no una simple página web, sino un Punto Digital Peruano con responsables identificados, información fiable, orientación profesional y canales para participar.
La Web: La Red Digital Peruana en el Exterior
La tecnología ya resolvió el problema de la distancia. Ahora debemos transformar esa conexión en confianza, colaboración y comunidad.
En septiembre, quienes llevamos al Perú con nosotros tenemos una cita con nuestra comunidad.
Puedes dar un paso adelante como candidato y asumir el compromiso de representar.
Puedes contribuir como miembro de mesa y cuidar la transparencia del proceso.
Puedes participar como votante y hacer que tu voz también cuente.
Desde cualquier lugar, tu participación ayuda a construir el Perú que vive afuera.
Sobre la autora: Graduada en Dirección de Empresas Tecnológicas, Posgrado en Ciberseguridad de Nuestras ciudades, estudiante del Grado de Derecho y formación en Ingeniería de Sistemas.




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