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Pasamos la mitad de nuestra vida creyendo que la felicidad es una estación de llegada

Writer: Perú USA Southern CA
Perú USA Southern CA
3 hours ago
2 min read

Por: Santiago Carpio


Pasamos la mitad de nuestra vida creyendo que la felicidad es una estación de llegada: un cargo directivo, una firma en un contrato de compraventa, metros cuadrados y credenciales colgadas en la pared. Nos convencemos de que el bienestar depende de construir un entorno físico y material que finalmente nos dé tregua.


Y luego pasamos la otra mitad haciendo malabares para sostener el peso de todo lo que acumulamos. Cuidar lo conseguido cansa tanto como perseguirlo.


La vida rara vez traza líneas rectas. Su lógica es sinuosa, llena de desvíos no planificados, proyectos que cambian de rumbo a mitad de trayecto y metas que se transforman justo cuando estábamos a punto de tocarlas. En el plano profesional nos obsesiona el puerto de destino. Pero con los años uno descubre que la verdadera fuerza motriz nunca estuvo en la bandera de llegada, sino en el impulso de zarpar. Esto incluye el interés genuino, la incomodidad fértil de querer estar en un lugar mejor y la voluntad de no conformarse con lo estático. Esa es la chispa que mantiene girando la rueda, no el inventario de lo alcanzado.


El verdadero riesgo no es no llegar al objetivo soñado; el riesgo es quedar atrapados administrando lo que construimos, olvidando el propósito que nos puso a caminar en primer lugar.


Al final, liderar la propia vida no consiste en acumular certezas ni posesiones para exhibir, sino en tener la lucidez de aligerar el equipaje a tiempo y seguir disfrutando el camino, con todas sus curvas.


¿Qué parte de tu energía hoy se va en sostener lo que ya lograste, y cuánta sigue viva persiguiendo lo que realmente te mueve?

 
 
 

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