๐ฎ๐๐ฬ๐๐๐๐๐ ๐๐ ๐๐๐ ๐๐๐๐๐๐๐๐ฬ๐ ๐๐๐ ๐๐ ๐๐๐๐๐
- Perรบ USA Southern CA

- Jul 14
- 15 min read

Por: Nรฉstor Ikeda
๐๐ฒ๐ฑ๐ถ๐ฐ๐ฎ๐๐ผ๐ฟ๐ถ๐ฎ
๐ธ๐ ๐ก๐ es la primera de una ๐ก๐๐๐๐๐๐ฬ๐ ๐๐ ๐๐๐ก๐ฬ๐๐ข๐๐๐ ๐๐ข๐ ๐ฃ๐๐ฆ ๐ ๐๐ข๐๐๐๐๐๐ ๐๐๐๐๐๐๐๐ ๐ ๐๐๐ ๐๐๐๐๐๐๐๐ ๐ก๐๐ ๐๐ข๐ ๐๐๐๐๐๐ ๐๐ฬ๐๐๐๐๐ ๐๐ ๐ ๐ข๐ ๐ฃ๐๐๐๐ ๐ ๐ข๐๐ ๐๐๐๐๐๐ ๐๐ฬ๐ ๐๐ข๐ ๐ฆ๐ ๐๐ ๐๐ฅ๐๐ ๐ก๐ ๐๐๐๐ ๐๐ ๐๐๐๐๐๐๐๐๐๐: ๐๐ ๐๐๐๐๐๐๐๐ ๐๐. ๐๐๐๐ ๐๐๐๐๐ , ๐๐ ๐๐๐๐๐๐๐๐ ๐๐ ๐๐ข๐, ๐๐ข๐๐๐๐ก๐ ๐๐ฬ๐๐๐๐๐ , ๐๐ฬ๐ ๐๐ข๐ ๐ข๐๐ ๐๐๐๐๐๐ ๐๐ฬ๐: ๐๐ข๐ ๐ข๐๐ ๐๐๐๐๐ ๐๐ ๐ฃ๐๐๐. ๐๐ ๐ก๐๐๐๐๐ก๐๐๐๐ ๐๐๐๐๐ ๐๐ ๐ฃ๐๐๐๐๐ ๐ ๐ ๐๐ข๐ ๐๐๐๐ ๐๐๐ ๐ก๐๐๐๐ข๐๐๐๐, ๐๐๐๐๐ ๐๐๐ ๐๐๐โ๐๐ ๐๐ ๐๐๐๐๐๐ ๐ก๐๐๐ฬ๐๐ ๐ ๐๐๐๐๐ ๐๐๐๐๐๐ ๐ฆ ๐๐๐๐๐ ๐๐๐ ๐๐๐๐๐๐๐๐๐๐๐ ๐๐๐๐ ๐ก๐๐๐๐๐๐ ๐๐ ๐๐๐๐๐, ๐ก๐๐๐ก๐ ๐ฆ ๐ฃ๐๐๐๐๐๐ฬ๐. ๐ป๐๐ฆ, ๐๐ ๐ ๐๐ข๐๐๐ ๐ ๐ โ๐ ๐๐๐ ๐ฃ๐๐๐๐๐๐๐. ๐ฟ๐๐ ๐๐๐๐ข๐๐ก๐๐๐๐ ๐๐ ๐๐๐๐๐๐๐๐ ๐๐ ๐๐๐ ๐๐๐๐๐๐๐๐, ๐๐๐ ๐๐๐๐๐๐๐๐๐๐๐ ๐ ๐ ๐ ๐๐๐๐๐๐๐๐, ๐๐๐ ๐๐ฬ๐ฃ๐๐๐๐ ๐๐๐๐๐๐ โ๐๐๐๐ ๐๐ก๐๐๐ ๐๐๐๐๐๐๐ ๐ฆ ๐๐ ๐๐๐๐๐๐๐๐ ๐๐ ๐๐๐ฬ๐ ๐๐๐ ๐ ๐ ๐๐๐๐ฃ๐๐๐๐ก๐ ๐๐ ๐๐๐๐๐๐๐. ๐ธ๐ ๐ก๐ ๐ก๐๐๐๐๐๐ฬ๐ โa ser ๐๐ข๐๐๐๐๐๐๐ ๐๐ ๐ก๐๐๐ ๐๐ฬ๐๐ ๐๐๐๐ ๐๐๐ข๐ก๐๐ฃ๐๐ โ ๐๐ ๐ก๐๐๐๐๐ฬ๐ ๐ข๐๐ ๐๐๐ฃ๐๐ก๐๐๐๐ฬ๐ ๐๐๐๐ ๐๐๐ ๐๐ฬ๐ฃ๐๐๐๐ ๐๐ข๐ ๐๐ข๐๐๐ ๐ฃ๐๐ฃ๐๐๐๐๐ ๐๐ ๐ ๐ฬ๐๐๐๐, ๐๐๐๐ ๐๐ข๐ ๐ ๐๐๐๐ ๐๐ข๐ ๐๐ ๐๐๐๐๐๐๐๐ ๐๐ ๐ก๐ข๐ฃ๐ ๐ข๐๐ ๐๐๐๐ ๐๐ ๐๐๐, ๐ข๐ ๐๐ ๐๐ฬ๐๐๐ก๐ข, ๐ข๐ ๐๐ข๐๐๐, ๐ข๐๐ ๐๐.
-----------------------------------
๐๐๐๐๐๐๐๐๐๐ - ๐๐๐ฬ๐๐๐๐๐ ๐๐๐๐๐ฬ๐๐๐๐๐๐
๐๐ซ๐ข๐ฆ๐๐ซ ๐๐ซ๐ญ๐ขฬ๐๐ฎ๐ฅ๐จ ๐๐ ๐ฅ๐ ๐ญ๐ซ๐ข๐ฅ๐จ๐ ๐ขฬ๐
ยฟ๐ฌ๐ ๐๐ฌ๐พ๐ฌ๐๐จ๐๐ฐ๐ ๐๐บ๐๐ผ๐ฟ๐ฐ๐ผ๐น ๐ท๐๐น๐๐ถ๐ฟ๐ฐ๐๐ด๐ ๐๐จ๐๐จ ๐บ๐๐น ๐ท๐๐น๐๐ถ๐ฟ๐ฐ๐๐ป๐ผ?
๐พ๐๐คฬ๐๐๐๐ ๐๐๐๐๐ฬ๐๐๐ ๐๐ค๐๐ง๐ ๐๐ฃ๐ ๐๐ง๐๐๐๐ฃ๐๐ ๐ฆ๐๐ ๐๐๐ซ๐๐๐๐๐๐คฬ ๐๐๐ฃ ๐๐ ๐๐๐๐๐๐ค
๐๐๐ ๐๐ฬ๐ ๐ก๐๐ ๐ผ๐๐๐๐
En una clase de estilo periodรญstico en la antigua Escuela de Periodismo de la Universidad Catรณlica del Perรบ, a fines de los aรฑos sesenta, un estudiante lanzรณ una pregunta que parecรญa inocente, pero que llevaba una carga que solo el tiempo revelarรญa: ยฟEl periodismo es una carrera o un oficio?
El profesor Josรฉ Velรกsquez Neyra โperiodista de redacciones donde la tinta aรบn tenรญa olor y las mรกquinas Underwood marcaban el ritmo de la nocheโ sonriรณ con esa mezcla de ironรญa y sabidurรญa que solo poseen quienes han vivido el oficio desde adentro. โDepende de la velocidad con que vayasโฆโ, respondiรณ.
Aquella frase, que entonces provocรณ risas y complicidades juveniles, hoy suena como un presagio. Mรกs de sesenta aรฑos despuรฉs, en otro siglo y otro milenio, la pregunta sigue viva, pero ahora lleva una sombra encima: ยฟEs necesario estudiar periodismo para ser periodista en un mundo donde el periodismo mismo parece desvanecerse?
La respuesta ya no es tan clara como antes. El periodismo sigue siendo una carrera, sรญ, pero dejรณ de ser una profesiรณn cerrada. Hoy es un oficio abierto, casi desamparado, que ya no pertenece exclusivamente a quienes lo estudiaron, sino a quienes lo ejercen con rigor, aunque vengan de otros territorios.
๐๐ฎ๐๐ง๐๐จ ๐๐ฅ ๐ฉ๐๐ซ๐ข๐จ๐๐ข๐ฌ๐ฆ๐จ ๐ญ๐๐ง๐ขฬ๐ ๐ฎ๐ง๐ ๐ฉ๐ฎ๐๐ซ๐ญ๐ ๐๐ ๐๐ง๐ญ๐ซ๐๐๐
Durante gran parte del siglo XX, el camino era nรญtido: se estudiaba periodismo, se ingresaba a un diario, se ascendรญa en la redacciรณn, se aprendรญa de los mayores, se vivรญa el oficio como una forma de vida.
Ese mundo ya no existe.
Hoy, un abogado escribe columnas. Un economista redacta anรกlisis. Un ingeniero produce reportajes de datos. Un mรฉdico escribe sobre salud pรบblica con precisiรณn quirรบrgica. Un escritor narra crรณnicas que parecen arrancadas de la vida misma.
Ninguno de ellos pasรณ por una facultad de periodismo. Y, sin embargo, muchos son asalariados de medios que ya no exigen la vieja credencial acadรฉmica.
El periodismo se volviรณ poroso, hรญbrido, interdisciplinario. La autoridad ya no proviene del tรญtulo, sino del rigor, la claridad y la credibilidad.
ยฟSirve entonces estudiar periodismo? Sรญ, pero ya no como antes. Sirve para aprender รฉtica. Sirve para entender cรณmo verificar informaciรณn. Sirve para entrevistar con mรฉtodo. Sirve para narrar con precisiรณn. Sirve para comprender instituciones, investigar con disciplina, desarrollar criterio editorial. Pero ya no garantiza nada de lo que antes garantizaba: ni empleo estable, ni ingreso a una redacciรณn, ni ascenso profesional, ni pertenencia a un medio, ni una vida entera dentro del oficio.
La formaciรณn periodรญstica universitaria se volviรณ una base, no un destino. Un punto de partida, no una promesa.
๐๐ ๐๐๐ฌ๐๐ฉ๐๐ซ๐ข๐๐ข๐จฬ๐ง ๐๐ ๐ฅ๐๐ฌ ๐๐๐๐ฎ๐ฅ๐ญ๐๐๐๐ฌ ๐๐ ๐ฉ๐๐ซ๐ข๐จ๐๐ข๐ฌ๐ฆ๐จ ๐๐ฌ ๐ฎ๐ง ๐ฌ๐ขฬ๐ง๐ญ๐จ๐ฆ๐ ๐๐๐ฅ ๐๐ฎ๐๐ฅ๐จ
Las universidades no eliminaron las escuelas de periodismo por capricho. Lo hicieron porque el mercado laboral cambiรณ, porque el oficio se fragmentรณ, porque la comunicaciรณn se volviรณ un campo mรกs amplio y mรกs rentable.
El periodismo, en cambio, se volviรณ un territorio incierto: autรณnomo, disperso, vulnerable, difรญcil de encasillar en un currรญculo rรญgido.
Por eso hoy predominan las facultades de Ciencias de la Comunicaciรณn, que forman profesionales para todo: medios, empresas, oficinas pรบblicas, plataformas digitales, producciรณn audiovisual, marketing, anรกlisis de datos, gestiรณn comunitaria.
El periodismo โese que muchos conocieron en su รฉpoca de oroโ quedรณ reducido a una especializaciรณn dentro de un campo mayor. Un cuarto pequeรฑo dentro de una casa que ya no le pertenece.
ยฟ๐๐ฅ ๐ฉ๐๐ซ๐ข๐จ๐๐ข๐ฌ๐ญ๐ ๐๐ ๐ก๐จ๐ฒ ๐ฌ๐ ๐ซ๐๐ก๐๐๐ ๐จ ๐ฌ๐ ๐๐๐ฌ๐ก๐๐๐?
La respuesta es dolorosamente salomรณnica: ambas cosas.
Se deshace en cuanto la figura clรกsica del reportero de redacciรณn fija ya no existe, como tampoco existe la carrera lineal dentro de un periรณdico, la identidad profesional basada en el medio, la estabilidad laboral que definรญa el oficio.
Se rehace en cuanto ahora un periodista debe actuar como un comunicador, como narrador multimedia, como analista especializado, como verificador de datos, como creador independiente, como productor audiovisual, como curador informativo, como investigador freelance, como autor de newsletters y podcasts.
El periodista del siglo XXI ya no es un empleado: es un autor que se mueve entre mรบltiples escenarios, casi siempre en soledad.
Hoy hay profesionales que escriben, pero que no necesariamente hacen periodismo.
Un abogado puede escribir sobre derecho. Un economista sobre economรญa. Un mรฉdico sobre salud. Un ingeniero sobre tecnologรญa. Pero el periodista es quien conecta esos saberes con la sociedad, quien traduce la complejidad, quien investiga mรกs allรก de su campo, quien interroga al poder, quien cuida la verdad como un bien pรบblico.
Por eso el periodismo sigue siendo un oficio especรญfico, aunque ya no sea una profesiรณn exclusiva.
ยฟ๐๐ฎ๐ฬ ๐๐ฌ ๐ฌ๐๐ซ ๐ฉ๐๐ซ๐ข๐จ๐๐ข๐ฌ๐ญ๐ ๐ก๐จ๐ฒ?
Ser periodista hoy es ejercer una funciรณn social. Es sostener la claridad en medio del ruido. Es investigar lo que otros prefieren ocultar. Es narrar con rigor. Es verificar con mรฉtodo. Es interpretar con responsabilidad. Es explicar con profundidad. Es resistir la superficialidad digital. El periodista es menos un tรญtulo y mรกs una vocaciรณn รฉtica.
Ser periodista hoy es ejercer โun oficioโ que resiste en silencio. Si bien no es necesario estudiar periodismo para escribir, informar o investigar, sรญ es necesario formarse como periodista para ejercer el oficio con responsabilidad.
La formaciรณn puede venir de la universidad, de la prรกctica, de la lectura, de la investigaciรณn, de la experiencia interdisciplinaria, de la mentorรญa, de la รฉtica personal.
El periodismo ya no es una profesiรณn cerrada. Es un oficio abierto, exigente, vulnerable y necesario.
Y quienes lo ejercen โvengan de donde venganโ deben hacerlo con la conciencia de que la verdad no es un producto: es un servicio pรบblico que merece ser defendido, incluso cuando el ruido de las viejas redacciones ya se ha apagado.
(Fin del primer artรญculo)

๐๐๐๐ข๐๐๐ญ๐จ๐ซ๐ข๐
๐๐ฌ๐ญ๐ ๐๐ฌ ๐ฅ๐ ๐ฌ๐๐ ๐ฎ๐ง๐๐ ๐๐ง๐ญ๐ซ๐๐ ๐ ๐๐ ๐ฎ๐ง๐ ๐ญ๐ซ๐ข๐ฅ๐จ๐ ๐ขฬ๐ ๐๐ ๐๐ซ๐ญ๐ขฬ๐๐ฎ๐ฅ๐จ๐ฌ ๐ช๐ฎ๐ ๐ฏ๐จ๐ฒ ๐ ๐ฉ๐ฎ๐๐ฅ๐ข๐๐๐ซ ๐๐๐๐ข๐๐๐๐ ๐ ๐ฅ๐จ๐ฌ ๐ฉ๐๐ซ๐ข๐จ๐๐ข๐ฌ๐ญ๐๐ฌ ๐ช๐ฎ๐ ๐๐ข๐๐ซ๐จ๐ง ๐๐ฬ๐๐๐๐๐ฌ ๐๐ ๐ฌ๐ฎ๐ฌ ๐ฏ๐ข๐๐๐ฌ ๐ ๐ฎ๐ง๐ ๐ฉ๐ซ๐จ๐๐๐ฌ๐ข๐จฬ๐ง ๐ช๐ฎ๐ ๐ฒ๐ ๐ง๐จ ๐๐ฑ๐ข๐ฌ๐ญ๐ ๐๐จ๐ฆ๐จ ๐ฅ๐ ๐๐จ๐ง๐จ๐๐ข๐๐ซ๐จ๐ง: ๐๐ฅ ๐๐๐ซ๐ข๐จ๐๐ข๐ฌ๐ฆ๐จ. ๐๐๐ซ๐ ๐๐ฅ๐ฅ๐จ๐ฌ, ๐๐ฅ ๐ฉ๐๐ซ๐ข๐จ๐๐ข๐ฌ๐ฆ๐จ ๐๐ฎ๐ ๐ฆ๐ฬ๐ฌ ๐ช๐ฎ๐ ๐ฎ๐ง๐ ๐ฉ๐ซ๐จ๐๐๐ฌ๐ข๐จฬ๐ง: ๐๐ฎ๐ ๐ฎ๐ง๐ ๐๐จ๐ซ๐ฆ๐ ๐๐ ๐ฏ๐ข๐๐. ๐๐ง ๐ญ๐๐ซ๐ซ๐ข๐ญ๐จ๐ซ๐ข๐จ ๐๐จ๐ง๐๐ ๐ฅ๐ ๐ฏ๐๐ซ๐๐๐ ๐ฌ๐ ๐๐ฎ๐ฌ๐๐๐๐ ๐๐จ๐ง ๐ญ๐๐ซ๐ช๐ฎ๐๐๐๐, ๐๐จ๐ง๐๐ ๐ฅ๐๐ฌ ๐ง๐จ๐๐ก๐๐ฌ ๐๐ ๐๐ข๐๐ซ๐ซ๐ ๐ญ๐๐ง๐ขฬ๐๐ง ๐ฌ๐จ๐ง๐ข๐๐จ ๐ฉ๐ซ๐จ๐ฉ๐ข๐จ ๐ฒ ๐๐จ๐ง๐๐ ๐ฅ๐๐ฌ ๐ซ๐๐๐๐๐๐ข๐จ๐ง๐๐ฌ ๐๐ซ๐๐ง ๐ญ๐๐ฆ๐ฉ๐ฅ๐จ๐ฌ ๐๐ ๐ฉ๐๐ฉ๐๐ฅ, ๐ญ๐ข๐ง๐ญ๐ ๐ฒ ๐ฏ๐จ๐๐๐๐ข๐จฬ๐ง. ๐๐จ๐ฒ, ๐๐ฌ๐ ๐ฆ๐ฎ๐ง๐๐จ ๐ฌ๐ ๐ก๐ ๐๐๐ฌ๐ฏ๐๐ง๐๐๐ข๐๐จ. ๐๐๐ฌ ๐๐๐๐ฎ๐ฅ๐ญ๐๐๐๐ฌ ๐๐ ๐ฉ๐๐ซ๐ข๐จ๐๐ข๐ฌ๐ฆ๐จ ๐๐๐ฌ๐๐ฉ๐๐ซ๐๐๐๐ง, ๐ฅ๐๐ฌ ๐ซ๐๐๐๐๐๐ข๐จ๐ง๐๐ฌ ๐ฌ๐ ๐ฌ๐ข๐ฅ๐๐ง๐๐ข๐๐ง, ๐ฅ๐จ๐ฌ ๐ฃ๐จฬ๐ฏ๐๐ง๐๐ฌ ๐ฆ๐ข๐ ๐ซ๐๐ง ๐ก๐๐๐ข๐ ๐จ๐ญ๐ซ๐จ๐ฌ ๐จ๐๐ข๐๐ข๐จ๐ฌ ๐ฒ ๐๐ฅ ๐ฉ๐๐ซ๐ข๐จ๐๐ข๐ฌ๐ฆ๐จ ๐๐ฅ๐ฬ๐ฌ๐ข๐๐จ ๐ฌ๐ ๐๐จ๐ง๐ฏ๐ข๐๐ซ๐ญ๐ ๐๐ง ๐ฆ๐๐ฆ๐จ๐ซ๐ข๐. ๐๐ฌ๐ญ๐ ๐ญ๐ซ๐ข๐ฅ๐จ๐ ๐ขฬ๐ โ๐ ๐ฌ๐๐ซ ๐ฉ๐ฎ๐๐ฅ๐ข๐๐๐๐ ๐๐ง ๐ญ๐ซ๐๐ฌ ๐๐ขฬ๐๐ฌ ๐๐จ๐ง๐ฌ๐๐๐ฎ๐ญ๐ข๐ฏ๐จ๐ฌโ๐๐ฌ ๐ญ๐๐ฆ๐๐ข๐ฬ๐ง ๐ฎ๐ง๐ ๐ข๐ง๐ฏ๐ข๐ญ๐๐๐ข๐จฬ๐ง ๐ฉ๐๐ซ๐ ๐ฅ๐จ๐ฌ ๐ฃ๐จฬ๐ฏ๐๐ง๐๐ฌ ๐ช๐ฎ๐ ๐ง๐ฎ๐ง๐๐ ๐ฏ๐ข๐ฏ๐ข๐๐ซ๐จ๐ง ๐๐ฌ๐ ๐ฬ๐ฉ๐จ๐๐, ๐ฉ๐๐ซ๐ ๐ช๐ฎ๐ ๐ฌ๐๐ฉ๐๐ง ๐ช๐ฎ๐ ๐๐ฅ ๐ฉ๐๐ซ๐ข๐จ๐๐ข๐ฌ๐ฆ๐จ ๐ญ๐ฎ๐ฏ๐จ ๐ฎ๐ง๐ ๐๐๐๐ ๐๐ ๐จ๐ซ๐จ, ๐ฎ๐ง ๐๐ฌ๐ฉ๐ขฬ๐ซ๐ข๐ญ๐ฎ, ๐ฎ๐ง ๐ซ๐ฎ๐ข๐๐จ, ๐ฎ๐ง๐ ๐๐.
------------------------
๐๐๐๐๐๐๐๐๐๐ โ ๐๐๐ฬ๐๐๐๐๐ ๐๐๐๐๐ฬ๐๐๐๐๐๐
(๐๐๐ ๐ฎ๐ง๐๐จ ๐๐ ๐ ๐๐ซ๐ญ๐ขฬ๐๐ฎ๐ฅ๐จ๐ฌ)
๐๐ ๐๐๐๐๐๐๐๐๐๐ ๐๐ ๐๐๐๐๐๐๐ ๐๐ ๐๐๐๐๐๐๐ฬ๐ - ๐ ๐๐๐๐๐๐๐ฬ๐ ๐๐ ๐๐ ๐๐๐๐๐ ๐๐๐ ๐๐๐๐ฬ ๐๐๐๐ฬ๐ ๐๐ ๐๐๐๐๐
๐๐๐ ๐๐ฬ๐ ๐ก๐๐ ๐ผ๐๐๐๐
Durante buena parte del siglo XX, ser periodista era una vocaciรณn con destino claro. La ruta estaba trazada: se estudiaba periodismo, se ingresaba a una redacciรณn, se aprendรญa de los veteranos y se ascendรญa en un entorno con reglas, jerarquรญas y un horizonte profesional reconocible. La carrera combinaba disciplina, intuiciรณn y carรกcter; era una forma de vida sostenida por la estabilidad de las empresas periodรญsticas y por la confianza del pรบblico. Ese mundo ya no existe. Sin embargo, el periodismo sigue ahรญ, respirando entre las grietas que le ha abierto la transformaciรณn digital.
Hace cincuenta aรฑos, mucho antes del celular, de Google y de la inteligencia artificial, estudiar periodismo era casi un rito de iniciaciรณn. Las facultades enseรฑaban redacciรณn informativa, รฉtica profesional, tรฉcnicas de entrevista, estructura de la noticia y manejo de fuentes. Pero la verdadera formaciรณn ocurrรญa en la redacciรณn. Allรญ, el joven periodista era moldeado por reporteros curtidos, editores exigentes y jefes de informaciรณn capaces de distinguir una historia verdadera de una trivial. La correcciรณn era directa: si un dato era falso, se decรญa โfalsoโ, sin eufemismos. Hoy, esa palabra ha sido reemplazada por โfake newsโ, un tรฉrmino que incomoda porque diluye la responsabilidad individual en un fenรณmeno global.
๐๐ ๐๐ฌ๐๐ฎ๐๐ฅ๐ ๐ซ๐๐๐ฅ ๐๐ฌ๐ญ๐๐๐ ๐๐ง ๐ฅ๐ ๐ซ๐๐๐๐๐๐ข๐จฬ๐ง ๐๐๐ฅ ๐ฉ๐๐ซ๐ข๐จฬ๐๐ข๐๐จ
Para los periodistas de la vieja guardia, la redacciรณn era una escuela viva: un espacio donde se aprendรญa a mirar, a preguntar, a desconfiar, a narrar. El mercado laboral ofrecรญa un camino claro: habรญa plazas, estabilidad y futuro. Con el empleo venรญa el orgullo de trabajar para un gran medio, orgullo compartido por los propietarios, que invertรญan en la formaciรณn de sus equipos.
En Perรบ, uno de esos propietarios fue Pedro Beltrรกn Espantoso, dueรฑo del diario La Prensa, rival directo de El Comercio. Beltrรกn creรณ la cรฉlebre "Escuelita", en el diario La Prensa, un programa de capacitaciรณn interna que funcionรณ durante las dรฉcadas de 1950 y 1960. No era una escuela acadรฉmica, sino un sistema de perfeccionamiento continuo dentro de la redacciรณn. Los periodistas participaban en talleres, revisaban su trabajo y aprendรญan tรฉcnicas de ediciรณn estricta. La Escuelita enseรฑaba a separar informaciรณn de opiniรณn, a escribir con exactitud y a informar sin censura. Fue un semillero de talentos y un estรกndar de excelencia en la รฉpoca de oro de la prensa peruana.
Ese modelo de formaciรณn, copiado por algunos periรณdicos en otros paรญses, ya no existe. Y en las universidades, las facultades de periodismo han sido reemplazadas por facultades de Ciencias de la Comunicaciรณn, un campo mรกs amplio que prepara profesionales para un mercado igualmene mรกs diverso: comunicaciรณn digital, audiovisual, corporativa, publicitaria, polรญtica, cientรญfica. El periodismo, dentro de ese nuevo mundo, se volviรณ una especializaciรณn. Y ese cambio ha tenido consecuencias institucionales profundas.
๐๐๐ฌ ๐ฏ๐ขฬ๐๐ญ๐ข๐ฆ๐๐ฌ
Una de las vรญctimas mรกs visibles es el Colegio de Periodistas del Perรบ (CPP). Fundado hace mรกs de cincuenta aรฑos, sus estatutos todavรญa exigen el tรญtulo de Periodista para colegiarse, grado acadรฉmico que las universidades ya no lo otorgan. El CPP se encuentra atrapado asรญ en una paradoja: para sobrevivir necesita nuevos miembros, pero para admitirlos exige un requisito que el sistema universitario dejรณ de producir. Ante la presiรณn del tiempo y las finanzas, el Colegio ha empezado a afiliar a titulados en Ciencias de la Comunicaciรณn, aunque sin modificar formalmente sus normas. Tarde o temprano deberรก enfrentar una decisiรณn dolorosa: cambiar su nombre para incluir a comunicadores o aceptar una agonรญa institucional que podrรญa ocasionarle la inminente creaciรณn del Colegio de Comunicadores Sociales del Perรบ.
El problema no es exclusivo del CPP. El Club de Periodistas del Perรบ, creado hace mรกs de 60 aรฑos por figuras de la รฉlite del periodismo impreso, enfrenta una situaciรณn similar. Cuando presidรญ el Club, inscribir nuevos socios periodistas jรณvenes era difรญcil porque no los habรญa: los jรณvenes comunicadores no se sentรญan representados por una instituciรณn cuyo nombre alude a un tรญtulo o una especialidad que ellos no poseen. Hoy, la edad promedio de los miembros jรณvenes del Club supera los 50 aรฑos y los miembros histรณricos pasan de los 70. Con esa composiciรณn de la membresรญa, el futuro del Club es tambiรฉn incierto.
ยฟ๐๐จ๐ซ ๐ช๐ฎ๐ฬ ๐ฅ๐จ๐ฌ ๐ฃ๐จฬ๐ฏ๐๐ง๐๐ฌ ๐ฒ๐ ๐ง๐จ ๐ฏ๐๐ง ๐๐ฅ ๐ฉ๐๐ซ๐ข๐จ๐๐ข๐ฌ๐ฆ๐จ ๐๐จ๐ฆ๐จ ๐๐๐ฌ๐ญ๐ข๐ง๐จ?
Ello se debe a que el periodismo dejรณ de ofrecer lo que antes ofrecรญa: estabilidad, ascenso profesional, pertenencia a una comunidad sรณlida y la posibilidad de construir una vida entera dentro de un medio. El joven contemporรกneo vive en un mundo donde la creatividad se monetiza de formas nuevas, donde la independencia es un valor y donde los medios tradicionales ya no representan un horizonte aspiracional. Hoy existen youtubers que producen reportajes en lugares inimaginables y reciben ingresos que ningรบn periรณdico podrรญa ofrecerles. Muchos tienen sus propios canales digitales y trabajan como sus propios empleadores, con modelos econรณmicos mรกs atractivos que los de la prensa tradicional.
El periodismo, entonces, parece no tener sitio en la nueva realidad digital. Pero sigue siendo atractivo, no como estilo de vida, sino como competencia transversal. Es una base, pero ya no un destino. El joven que siente interรฉs por el periodismo aprende pronto que debe migrar su vocaciรณn hacia รกreas donde la narrativa, la investigaciรณn y la comunicaciรณn siguen siendo centrales, mรกs rentables, pero con รกreas que tienen modelos econรณmicos mรกs sรณlidos: comunicaciรณn digital, producciรณn audiovisual, marketing de contenidos, anรกlisis de datos, storytelling corporativo, consultorรญa estratรฉgica, diseรฑo narrativo.
ยฟ๐๐ ๐ ๐๐๐ฌ๐๐ฉ๐๐ซ๐๐๐๐ซ ๐๐ฅ ๐๐๐ซ๐ข๐จ๐๐ข๐ฌ๐ฆ๐จ?
Sin embargo, el periodismo no va a desaparecer. La sociedad no puede vivir sin รฉl. Lo que desapareciรณ โo estรก desapareciendoโ es la forma industrial que lo sostuvo durante un siglo. El periodista, como figura, es hoy mรกs solitario, mรกs hรญbrido, mรกs autรณnomo. Pero tambiรฉn mรกs necesario.
En un mundo saturado de ruido, donde la verdad se fragmenta y la velocidad reemplaza a la reflexiรณn, el periodista โese que investiga, verifica, interpreta y narra con rigorโ se convierte en un faro. Quizรก ya no tenga una facultad universitaria que lleve la palabra Periodismo en su nombre. Quizรก ya no tenga un periรณdico que lo reciba como destino final. Quizรก ya no tenga una redacciรณn que lo proteja. Pero tendrรก algo mรกs importante: la responsabilidad de sostener la claridad en medio del bullicio digital.
Mientras exista cualquier actividad humana que requiera ser comunicada al pรบblico, existirรก periodismo. Y mientras exista periodismo, existirรก alguien dispuesto a ejercerlo. Porque habrรก profesionales como Domingo Tamariz Lรบcar โquien en 2026 cumpliรณ 98 aรฑosโ que toman el periodismo con un sentimiento personal: Ha titulado bien su libro de memorias de sus siete dรฉcadas de actividad en periรณdicos y revistas como โMemorias de una pasiรณn.โ
(๐น๐๐ ๐๐๐ ๐ ๐๐๐ข๐๐๐ ๐๐๐ก๐ฬ๐๐ข๐๐)

๐๐๐๐๐๐๐ง๐ข๐ฅ๐๐
๐๐๐๐ฎ ๐ฒ๐ ๐น๐ฎ ๐ฎฬ๐ฅ๐ญ๐ข๐ฆ๐ ๐ฒ๐ป๐๐ฟ๐ฒ๐ด๐ฎ ๐ฑ๐ฒ ๐๐ป๐ฎ ๐๐ฟ๐ถ๐น๐ผ๐ด๐ถฬ๐ฎ ๐ฑ๐ฒ ๐ฎ๐ฟ๐๐ถฬ๐ฐ๐๐น๐ผ๐ ๐ฑ๐ฒ๐ฑ๐ถ๐ฐ๐ฎ๐ฑ๐ฎ ๐ฎ ๐น๐ผ๐ ๐ฝ๐ฒ๐ฟ๐ถ๐ผ๐ฑ๐ถ๐๐๐ฎ๐ ๐พ๐๐ฒ ๐ฑ๐ถ๐ฒ๐ฟ๐ผ๐ป ๐ฑ๐ฒฬ๐ฐ๐ฎ๐ฑ๐ฎ๐ ๐ฑ๐ฒ ๐๐๐ ๐๐ถ๐ฑ๐ฎ๐ ๐ฎ ๐๐ป๐ฎ ๐ฝ๐ฟ๐ผ๐ณ๐ฒ๐๐ถ๐ผฬ๐ป ๐พ๐๐ฒ ๐๐ฎ ๐ป๐ผ ๐ฒ๐ ๐ถ๐๐๐ฒ ๐ฐ๐ผ๐บ๐ผ ๐น๐ฎ ๐ฐ๐ผ๐ป๐ผ๐ฐ๐ถ๐ฒ๐ฟ๐ผ๐ป: ๐ฒ๐น ๐ฃ๐ฒ๐ฟ๐ถ๐ผ๐ฑ๐ถ๐๐บ๐ผ. ๐ฃ๐ฎ๐ฟ๐ฎ ๐ฒ๐น๐น๐ผ๐, ๐ฒ๐น ๐ฝ๐ฒ๐ฟ๐ถ๐ผ๐ฑ๐ถ๐๐บ๐ผ ๐ณ๐๐ฒ ๐บ๐ฎฬ๐ ๐พ๐๐ฒ ๐๐ป๐ฎ ๐ฝ๐ฟ๐ผ๐ณ๐ฒ๐๐ถ๐ผฬ๐ป: ๐ณ๐๐ฒ ๐๐ป๐ฎ ๐ณ๐ผ๐ฟ๐บ๐ฎ ๐ฑ๐ฒ ๐๐ถ๐ฑ๐ฎ. ๐จ๐ป ๐๐ฒ๐ฟ๐ฟ๐ถ๐๐ผ๐ฟ๐ถ๐ผ ๐ฑ๐ผ๐ป๐ฑ๐ฒ ๐น๐ฎ ๐๐ฒ๐ฟ๐ฑ๐ฎ๐ฑ ๐๐ฒ ๐ฏ๐๐๐ฐ๐ฎ๐ฏ๐ฎ ๐ฐ๐ผ๐ป ๐๐ฒ๐ฟ๐พ๐๐ฒ๐ฑ๐ฎ๐ฑ, ๐ฑ๐ผ๐ป๐ฑ๐ฒ ๐น๐ฎ๐ ๐ป๐ผ๐ฐ๐ต๐ฒ๐ ๐ฑ๐ฒ ๐ฐ๐ถ๐ฒ๐ฟ๐ฟ๐ฒ ๐๐ฒ๐ป๐ถฬ๐ฎ๐ป ๐๐ผ๐ป๐ถ๐ฑ๐ผ ๐ฝ๐ฟ๐ผ๐ฝ๐ถ๐ผ ๐ ๐ฑ๐ผ๐ป๐ฑ๐ฒ ๐น๐ฎ๐ ๐ฟ๐ฒ๐ฑ๐ฎ๐ฐ๐ฐ๐ถ๐ผ๐ป๐ฒ๐ ๐ฒ๐ฟ๐ฎ๐ป ๐๐ฒ๐บ๐ฝ๐น๐ผ๐ ๐ฑ๐ฒ ๐ฝ๐ฎ๐ฝ๐ฒ๐น, ๐๐ถ๐ป๐๐ฎ ๐ ๐๐ผ๐ฐ๐ฎ๐ฐ๐ถ๐ผฬ๐ป. ๐๐ผ๐, ๐ฒ๐๐ฒ ๐บ๐๐ป๐ฑ๐ผ ๐๐ฒ ๐ต๐ฎ ๐ฑ๐ฒ๐๐๐ฎ๐ป๐ฒ๐ฐ๐ถ๐ฑ๐ผ. ๐๐ฎ๐ ๐ณ๐ฎ๐ฐ๐๐น๐๐ฎ๐ฑ๐ฒ๐ ๐ฎ๐ง๐ข๐ฏ๐๐ซ๐ฌ๐ข๐ญ๐๐ซ๐ข๐๐ฌ ๐ฑ๐ฒ ๐ฝ๐ฒ๐ฟ๐ถ๐ผ๐ฑ๐ถ๐๐บ๐ผ ๐ฑ๐ฒ๐๐ฎ๐ฝ๐ฎ๐ฟ๐ฒ๐ฐ๐ฒ๐ป, ๐น๐ฎ๐ ๐ฏ๐ข๐๐ฃ๐๐ฌ ๐ฟ๐ฒ๐ฑ๐ฎ๐ฐ๐ฐ๐ถ๐ผ๐ป๐ฒ๐ ๐๐ฒ ๐๐ถ๐น๐ฒ๐ป๐ฐ๐ถ๐ฎ๐ซ๐จ๐ป, ๐น๐ผ๐ ๐ท๐ผฬ๐๐ฒ๐ป๐ฒ๐ ๐บ๐ถ๐ด๐ฟ๐ฎ๐ซ๐จ๐ป ๐ต๐ฎ๐ฐ๐ถ๐ฎ ๐ผ๐๐ฟ๐ผ๐ ๐ผ๐ณ๐ถ๐ฐ๐ถ๐ผ๐ ๐ ๐ฒ๐น ๐ฝ๐ฒ๐ฟ๐ถ๐ผ๐ฑ๐ถ๐๐บ๐ผ ๐ฐ๐น๐ฎฬ๐๐ถ๐ฐ๐ผ ๐๐ฒ ๐ก๐ ๐๐จ๐ง๐ฏ๐๐ซ๐ญ๐ข๐๐จ ๐ฒ๐ป ๐บ๐ฒ๐บ๐ผ๐ฟ๐ถ๐ฎ. ๐๐๐๐ฎ ๐๐ฟ๐ถ๐น๐ผ๐ด๐ถฬ๐ฎ โ๐ฝ๐๐ฏ๐น๐ถ๐ฐ๐ฎ๐ฑ๐ฎ ๐ฒ๐ป ๐๐ฟ๐ฒ๐ ๐ฑ๐ถฬ๐ฎ๐ ๐ฐ๐ผ๐ป๐๐ฒ๐ฐ๐๐๐ถ๐๐ผ๐โ๐ฒ๐ ๐๐ฎ๐บ๐ฏ๐ถ๐ฒฬ๐ป ๐๐ป๐ฎ ๐ถ๐ป๐๐ถ๐๐ฎ๐ฐ๐ถ๐ผฬ๐ป ๐ฝ๐ฎ๐ฟ๐ฎ ๐น๐ผ๐ ๐ท๐ผฬ๐๐ฒ๐ป๐ฒ๐ ๐พ๐๐ฒ ๐ป๐๐ป๐ฐ๐ฎ ๐๐ถ๐๐ถ๐ฒ๐ฟ๐ผ๐ป ๐ฒ๐๐ฎ ๐ฒฬ๐ฝ๐ผ๐ฐ๐ฎ, ๐ฝ๐ฎ๐ฟ๐ฎ ๐พ๐๐ฒ ๐๐ฒ๐ฝ๐ฎ๐ป ๐พ๐๐ฒ ๐ฒ๐น ๐ฝ๐ฒ๐ฟ๐ถ๐ผ๐ฑ๐ถ๐๐บ๐ผ ๐๐๐๐ผ ๐๐ป๐ฎ ๐ฒ๐ฑ๐ฎ๐ฑ ๐ฑ๐ฒ ๐ผ๐ฟ๐ผ, ๐๐ป ๐ฒ๐๐ฝ๐ถฬ๐ฟ๐ถ๐๐, ๐๐ป ๐ฟ๐๐ถ๐ฑ๐ผ, ๐๐ป๐ฎ ๐ณ๐ฒ. (๐๐ฎ๐ ๐ณ๐ผ๐๐ผ๐ ๐พ๐๐ฒ ๐ถ๐น๐๐๐๐ฟ๐ฎ๐ฟ๐ผ๐ป ๐น๐ผ๐ ๐๐ฟ๐ฒ๐ ๐ฎ๐ฟ๐๐ถฬ๐ฐ๐๐น๐ผ๐ ๐ณ๐๐ฒ๐ฟ๐ผ๐ป ๐ต๐ฒ๐ฐ๐ต๐ฎ๐ ๐ฐ๐ผ๐ป ๐๐)
-----------
๐๐๐๐๐๐๐๐๐๐ โ ๐๐๐ฬ๐๐๐๐๐ ๐๐๐๐๐ฬ๐๐๐๐๐๐
๐๐๐ซ๐๐๐ซ๐จ ๐๐ ๐ ๐๐ซ๐ญ๐ขฬ๐๐ฎ๐ฅ๐จ๐ฌ
๐๐ ๐๐๐๐๐ ๐๐๐ ๐๐ ๐๐๐๐๐: ๐๐๐๐๐๐๐๐๐ ๐ ๐๐๐๐๐๐๐๐๐ฬ๐
๐๐๐ ๐๐ฬ๐ ๐ก๐๐ ๐ผ๐๐๐๐
Mario Vargas Lllosa, quien tuvo en sus aรฑos juveniles contacto directo con alguna sala de redacciรณn en Perรบ y una agencia de noticias en Francia, escribiรณ en una de sus novelas que durante esa experiencia solรญan decirle que para ser y parecer periodista era necesario, despuรฉs de la hora de cierre del periรณdico, tomar cafรฉ, fumar un cigarrillo Inca y beber un buen trago. Y es que habรญa un sonido que definรญa las noches de cierre en las redacciones: un golpeteo metรกlico, insistente, casi animal y un grito del editor. El ruido venรญa de las mรกquinas de escribir --por lo general una Underwood-- que parecรญan tener vida propia, como si cada tecla fuera un latido y cada pรกrrafo una respiraciรณn. Los periodistas que trabajaron allรญ โlos de verdad, los que vivieron el oficio como una forma de estar en el mundoโ todavรญa escuchan ese sonido y ese grito cuando cierran los ojos.
Para esos hombres, que tenรญan callos como almohadillas en los dedos, no por tanto tecleo en las mรกquinas, sino por tanto tomar notas en sus libretas, ese era un ruido que no solo llenaba la sala: llenaba el alma. Y, aun asรญ, creaba un vacรญo que los periodistas buscarรญan amenguar pronto con un buen cafรฉ, un cigarrillo de tabaco sin curar y un buen trago de caรฑa a medio procesar. La redacciรณn era, pues, un territorio donde se sentรญa el fragor de la lucha por competir con otros periรณdicos, en un mundo en que apenas la radio y televisiรณn completaban los medios de difusiรณn. Era un lugar donde el tiempo tenรญa otro ritmo, donde la urgencia era una compaรฑera constante y donde la verdad se buscaba con la terquedad de quien sabe que no hay otro camino. Los periodistas escribรญan con prisa, pero tambiรฉn con una especie de devociรณn. Sabรญan que el campanazo del cierre podรญa sonar en cualquier momento, o que la voz del jefe de redacciรณn โgrave, firme, inapelableโpodรญa anunciar que la ediciรณn se iba, que ya no habรญa tiempo para corregir, que la historia debรญa quedar como estaba.
Ese instante era una mezcla de alivio y derrota. Alivio porque el trabajo estaba hecho. Derrota porque siempre quedaba la sensaciรณn de que se podรญa haber escrito mejor.
Los periodistas de entonces vivรญan en ese mundo, que era un filo entre la gloria y el infierno.
๐๐ฅ ๐ฆ๐ฎ๐ง๐๐จ ๐๐ข๐ ๐ข๐ญ๐๐ฅ ๐๐๐ฎ๐ฌ๐ ๐๐๐ฌ๐๐จ๐ง๐๐ข๐๐ซ๐ญ๐จ ๐ฒ ๐ญ๐ซ๐ข๐ฌ๐ญ๐๐ณ๐
Hoy, muchos de ellos miran el mundo digital con una mezcla de desconcierto y tristeza. No porque no comprendan la tecnologรญa โla mayorรญa la usa con disciplina y curiosidadโ sino porque sienten que algo esencial se ha perdido en el camino.
Dieron algunos hasta cincuenta aรฑos al oficio o mรกs. Fueron largos aรฑos de madrugadas, de cafรฉs frรญos, de libretas llenas, de fuentes esquivas, de editores implacables, de cierres que parecรญan batallas y de comidas frรญas al llegar a casa. Y, por supuesto, de cigarrillos y bebidas espiritosas al final de la jornada, a la cual llegaban fรญsicamente exhaustos, pero rebosantes de energรญa que da el orgullo. Fueron dรฉcadas, muchos aรฑos creyendo que el periodismo era una misiรณn, no un empleo.
Y ahora, de pronto, el periodismo ya no es una profesiรณn: es un โoficioโ, un punto en un horizonte ampliado. Una palabra que suena a artesanรญa, a supervivencia con degradaciรณn, a algo que se hace con las manos y con el corazรณn, pero sin la estructura emotiva que antes la sostenรญa.
Esa palabra incomoda a los periodistas de la vieja guardia. Para ellos, el fin del papel y la tinta y el silencio de las redacciones no es solo un cambio tecnolรณgico: es una pรฉrdida emocional. Es ver cรณmo se apaga el ruido que acompaรฑรณ e hizo vibrar su vida entera.
๐๐ฅ ๐ง๐ฎ๐๐ฏ๐จ ๐ฌ๐จ๐ง๐ข๐๐จ ๐๐๐ฅ ๐ฉ๐๐ซ๐ข๐จ๐๐ข๐ฌ๐ฆ๐จ: ๐๐ฅ ๐ฌ๐ข๐ฅ๐๐ง๐๐ข๐จ
Las redacciones de hoy son silenciosas. No hay campanas. No hay jefes gritando โยกcierre!โ No hay teclas golpeteando como martillos diminutos.
El silencio es el nuevo sonido del periodismo.
Los jรณvenes escriben en pantallas luminosas, con teclados carentes de ruido y de alma. No solo tienen otras prioridades, sino que todo estรก encasillado en algo nunca oรญdo en las viejas redacciones del pasado: Tiempo real. Las historias, las fotos, los videos y los audios se editan en tiempo real. Las noticias se publican sin ceremonia en tiempo real. Ese instante sagrado en que la tinta se convertรญa en destino ha desaparecido. Ahora solo con presionar una tecla acceden a una ediciรณn automรกtica, con solo presionar una tecla la historia va a manos del editor, un alguien que casi siempre no estรก a la vista.
Para quienes vivieron el periodismo de antes, este silencio es casi insoportable. Es sepulcral. Es casi como un epitafio que corrobora la muerte del periodismo. No es que el periodismo haya muerto. Pero sรญ muriรณ la forma en que los viejos periodistas lo vivieron.
Muriรณ el olor de la tinta y del papel reciรฉn impreso. Muriรณ la ansiedad del cierre. Muriรณ la camaraderรญa de las noches largas. Muriรณ la certeza de que el periรณdico era el corazรณn de la ciudad y un empleador que llenaba de orgullo.
Lo que queda hoy es otra cosa. Un oficio mรกs solitario, mรกs fragmentado, mรกs incierto. Un oficio que exige reinventarse cada dรญa, que ya no promete estabilidad, que ya no ofrece un lugar donde quedarse para siempre.
๐๐ ๐ ๐ซ๐๐ง ๐ญ๐ซ๐ข๐ฌ๐ญ๐๐ณ๐
Los veteranos sienten una gran pena. Es una pena que no se dice, pero estรก clavada en el corazรณn. Una pena que golpea los recuerdos una y otra vez cuando ven que las facultades de periodismo desaparecieron con ese nombre, que ahora todo es Ciencias de la Comunicaciรณn, que los jรณvenes ya no sueรฑan con llegar a un gran diario, que la carrera profesional se volviรณ un oficio de habilidades dispersas.
Esos veteranos recuerdan cuando estudiar periodismo era un acto de fe. Cuando ejercer solo periodismo era un respiro de orgullo. Cuando entrar a una redacciรณn era entrar a un templo. Cuando un editor podรญa cambiar la vida de un reportero con una sola frase. Cuando la verdad era una bรบsqueda colectiva, no un producto de navegaciรณn digital.
Hoy, esa fe parece desvanecerse o ya se ha desvanecido.
Hay un gran dolor en los veteranos cuando ven cรณmo se transforma o se ha transformado lo que amaron. Para quienes dieron las mejores dรฉcadas de sus vidas al verdadero periodismo, esta transformaciรณn es un duelo.
Y, sin embargo, hay algo que no muere.
El ruido de las Underwood sigue allรญ, en algรบn rincรณn de sus memorias, de sus almas. El eco de la campana del cierre sigue vibrando en el pecho. La voz del jefe de redacciรณn sigue resonando como una advertencia y como un abrazo. La urgencia de contar la verdad sigue viva, aunque el mundo ya no la escuche de la misma manera.
Los periodistas veteranos saben que el oficio cambiรณ, que el papel se ha desvanecido, que las redacciones ya no son lo que fueron. Pero tambiรฉn saben que el periodismo โel verdadero, el que se hace con rigor y con almaโ no ha desaparecido. Solo ha cambiado de piel.
Y mientras haya alguien dispuesto a escribir con la misma pasiรณn con que aquellos profesionales golpeteaban las teclas de una mรกquina de escribir, el ruido del periodismo seguirรก vivo, aunque sea en silencio.
Esos grandes periodistas, quizรกs para asegurarse que aรบn vive en ellos el espรญritu de los tiempos idos, se repiten una frase que es como un cordรณn umbilical entre la realidad y el pasado: โUn periodista es como un mรฉdico: nunca se jubilaโ.
Por ello siempre habrรก un periodista de la vieja guardia jubilado que escribe porque, como lo dijo Vargas Llosa, โescribir no es un pasatiempo, un deporte. Es una servidumbre que hace de sus vรญctimas unos esclavos que nunca serรกn ni querrรกn ser libertadosโ.
(Fin del tercer y รบltimo artรญculo)




Comments