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¿Quién le habla a la generación sin televisión? ¿Para qué sirve un medio público en el Perú de hoy?

  • Writer: Perú USA Southern CA
    Perú USA Southern CA
  • Jul 17
  • 3 min read

Por: Santiago Carpio


La comunicación pública frente al algoritmo del futuro


Apaguemos la pantalla tradicional por un minuto. Dejemos de lado el debate estéril sobre el rating comercial o la última polémica de la coyuntura política y hagamos una pregunta de fondo, de esas que incomodan a los planificadores presupuestales en Lima: en pleno 2026, ¿cuál es el verdadero valor estratégico de un holding de medios estatales en un país fragmentado?


Si la respuesta sigue siendo «difundir las actividades del gobierno» o «mostrar nuestro folklore con nostalgia los fines de semana», entonces estamos perdiendo el tiempo y el dinero de todos los peruanos. Estamos administrando la inercia.


Históricamente, la televisión y la radio pública en el Perú han cometido el error de mirar al interior del país bajo una lógica puramente contemplativa o turística: el «Perú místico», el plato bandera, la danza típica. Todo eso es valioso para la identidad, por supuesto, pero es insuficiente. Mientras la pantalla oficial se queda en la postal romántica, las regiones avanzan a un ritmo frenético que la capital muchas veces no llega a procesar.


La comunicación no es un accesorio cosmético; es un engranaje estratégico esencial dentro del proceso productivo y de desarrollo de una nación.


El verdadero motor del Perú actual no está en los set de televisión de Miraflores o San Isidro; está en los hubs de innovación agroexportadora de La Libertad e Ica, en el desarrollo acuícola de Puno, en las cooperativas cafetaleras del VRAEM que conquistan mercados europeos, y en los jóvenes de Arequipa o Huancayo que desarrollan software desde sus habitaciones. El rol de un medio público moderno debe ser visibilizar ese músculo socioeconómico real. Pasar de la televisión que «mira al pasado con melancolía» a la plataforma que «explica el potencial del futuro».


Pero aquí viene el segundo gran desafío, el flanco donde los medios tradicionales están envejeciendo junto a sus audiencias: ¿cómo le hablamos a los menores de 30 años? A ese joven que no prende una televisión abierta ni por error, pero que consume contenido fragmentado, vertical y en tiempo real.


No los vamos a convencer con el tono burocrático, acartonado o falsamente didáctico del Estado. Los canales públicos europeos, como la BBC o RTVE, entendieron hace mucho que el contenido debe nacer libre de formato. Necesitamos hackear nuestras propias narrativas mediante una verdadera estrategia transmedia. El reportaje de fondo en la señal abierta debe ser el mismo esfuerzo de investigación que se convierta en un hilo interactivo en redes, en un clip vertical nativo para entornos digitales y en un podcast de debate económico en la radio.


Esto exige cruzar una frontera conceptual vital: el ciberhumanismo. En la era de la Inteligencia Artificial y la saturación de algoritmos, el medio público debe poner la dignidad humana, el pensamiento crítico y la ética en el centro de la tecnología digital. No se trata solo de usar herramientas nuevas; se trata de usarlas para educar en ciudadanía digital y conectar la historia de ingenio que arrastramos desde nuestros ancestros con las herramientas que los jóvenes necesitan para competir hoy en el mercado global.


El portafolio de medios del Estado no puede seguir siendo visto como una «isla de gasto pasivo». Tiene el megáfono más grande del territorio nacional para convertirse en el gran dinamizador de las economías regionales y el principal eslabón de cohesión social del país.


Hacer atractiva la comunicación pública no es un problema técnico de «fierros» o antenas; es un asunto de visión estratégica y gobernanza. Al ecosistema de medios del mañana no se le gestiona desde la trinchera política, se le lidera desde la rigurosidad, la innovación y el absoluto respeto por el ciudadano. El futuro del país ya se está produciendo en las regiones; la pregunta es si seremos capaces de sintonizar con él.

 
 
 

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